Con el nacimiento de los grupos armados
ilegales en el país en los años 60, el secuestro se empieza a concebir como un
camino eficaz para financiar una guerra que estaba comenzando, debido a que con
el dinero que recibían de estos podrían comprar todo tipo de armamentos y
víveres para los soldados que tenían en sus filas. Ya para los 70’s y 80’s, el
secuestro se consolidó como la práctica más cometida por estos grupos
insurgentes para recibir ganancias, teniendo como blanco principal personas
involucradas con la ganadería, ejecutivos de multinacionales, políticos,
hombres de familias con dinero e incluso líderes religiosos.
Para 1985 se presentó uno de los momentos
más trágicos en la historia de la violencia en el país, el M-19, uno de los
grupos guerrilleros que ha existido en Colombia, se tomó el Palacio de
Justicia, un hecho donde murieron más personas que combatientes, lo cual de por
sí es bastante trágico, y que hoy tiene desaparecidas aún a 11 personas. Hoy,
después de 28 años de sucedido este hecho se recuerda con tristeza e impotencia
este suceso.
Fue posterior a esto que se empezó a
utilizar el secuestro como una estrategia de presión política, que tenía como
objetivo cambiar leyes en el país. Fue Pablo Escobar, el más grande capo de la
mafia de la historia del país, y responsable de la muerte de cientos de miles
de colombianos, quien secuestrando políticos empezó a poner en práctica esta
estrategia. Uno de los casos más recordados fue el de Andrés Pastrana, hijo del
reconocido político en ese momento, Misael Pastrana Borrero, director del
noticiero TV Hoy, y posible delfín de la política colombiana. El fin último de
este secuestro era presionar para que se aboliera la ley de extradición, que
tenía tan asustados a los mafiosos de este país. A partir de este momento se
presentaron otros casos que pusieron en tela de juicio la forma de hacer
respetar las leyes en el país, y cuestionaron fuertemente la forma de actuar de
estos grupos ilegales.
Para este momento en el país se reportaban
más de 7000 secuestros desde 1964, una cifra preocupante debido a que esto es
una práctica violatoria de los derechos humanos, pero más preocupante fue la
forma como esta cifra se triplicó. Francisco Santos logró por medio de todo un
proceso de recolección de firmas y otros momentos, crear una ley para combatir
el secuestro en el país, que hoy penaliza de manera drástica a quien practique
este.
Tristemente el secuestro no ha parado, y
aún siguen en la selva muchos colombianos esperando el momento en que sus
captores decidan por fin liberar sus cadenas y dejarlos en libertad. Tan solo
en 1996 se registraron 1038 secuestros en el país, y de 2000 hasta 2007 se
registraron 14676 casos, algo que nos debe preocupar a los colombianos y nos debe hacer reaccionar.
Durante años posteriores a esto los colombianos hemos salidos a las calles, de muchas maneras, para exigirles a quienes practican esta táctica violenta y violatoria de los derechos humanos una sensibilidad diferente, a exigirles que bajen las armas, pero no ha habido respuesta a esto, y hoy por hoy siguen sufriendo encadenados miles de colombianos que esperan su pronta liberación.
Durante años posteriores a esto los colombianos hemos salidos a las calles, de muchas maneras, para exigirles a quienes practican esta táctica violenta y violatoria de los derechos humanos una sensibilidad diferente, a exigirles que bajen las armas, pero no ha habido respuesta a esto, y hoy por hoy siguen sufriendo encadenados miles de colombianos que esperan su pronta liberación.
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